VIVANCO. MUCHO MÁS QUE UNA BODEGA…

VIVANCO. MUCHO MÁS QUE UNA BODEGA

El sueño de la familia Vivanco de compartir su pasión por la cultura del vino comienza a materializarse en el año 2.004 con la puesta en marcha de un apasionado proyecto enológico totalmente innovador.

Rafael Vivanco convierte en un reto personal su deseo de “mostrar todas las Riojas que se esconden detrás de la propia Rioja” en un intento de que sus vinos, a través sobre todo de la variedad autóctona y de su adaptabilidad al terruño, “transmitan la expresión, autenticidad y personalidad de nuestros viñedos”.

Objetivo logrado. El sueño hecho realidad es mucho más que una bodega. Una Fundación (con Centro de Documentación y Editorial) es la encargada gracias al empeño de Santiago Vivanco de compartir y divulgar todos aquellos conocimientos que, provenientes de otros ámbitos como son el mundo del arte, la educación y, por supuesto, la investigación, se encuentran relacionados con el universo del vino.

Pero eso no es todo. Un Museo con un proyecto expositivo a la altura de los mejores, nos ofrece la posibilidad de viajar en el tiempo a otras culturas, a otras civilizaciones en las que, hace ya casi 8.000 años, era evidente la estrecha relación real y simbólica entre el hombre y la vid.

En él, seis salas, una de ellas exterior (“El Jardín de Baco” en alusión a su colección de más de 200 variedades de uvas) llaman poderosamente la atención, destacando por su riqueza artística la denominada “Arte y símbolo” repleta de joyas arqueológicas junto a vanguardistas obras de arte y, desde el punto de vista del coleccionismo, la dedicada a los más de 3.000 sacacorchos de todas las tipologías y estilos con la que culmina la visita.

Arquitectónicamente, el conjunto no puede resultar más elegante. Sobrio. Contenido de formas e integrado a la perfección dentro de su entorno natural, se complementa con la panorámica de la localidad que lo vio nacer, presencia constante también a través de las enormes cristaleras que lo circunvalan para lograr, aún en los días nublados, la mayor luminosidad.

Y funcional también, a la par que impactante, su bodega subterránea en la que, al igual que en la elaboración de sus vinos, se lleva a cabo una maravillosa función de ensamblaje entre el pasado (predominio de la línea curva, ritmo a través de la presencia continuada de arcos, elementos sustentantes propios de la Antigüedad) y materiales de diseño contemporáneos como el acero corten, utilizado frecuentemente por artistas de la talla del escultor Eduardo Chillida por su excelente proceso de oxidación y conservación incluso en condiciones climáticas desfavorables.

Su construcción bajo tierra fue decisiva para el propósito de eliminar la menor parte posible de viñedo y minimizar el impacto ambiental que podría suponer respecto al paisaje en el que se integra favoreciendo, además, unas condiciones de temperatura y humedad equilibradas y constantes a lo largo del año que resultan imprescindibles para la buena conservación y crianza de sus vinos en barricas o en tinos de roble francés.

En cierta manera, estos vinos, modernos y con mucha personalidad, son el reflejo de su modus vivendi. Junto a los jóvenes blancos y rosados (frescos, golosos y afrutados provenientes de viura, malvasía, tempranillo y garnacha) destacan los crianzas (monovarietales de su variedad fundamental, tempranillo), reservas (tempranillo y garnacha) y , sobre todo, la denominada “Colección Vivanco”, compleja en su elaboración y de producción muy limitada de variedades tanto tradicionales como autóctonas y minoritarias de Rioja (Tempranillo, Graciano, Garnacha y Mazuelo) a través de una selección de viñedos situados en terruños privilegiados. Cada uno de estos vinos lleva representada en su etiqueta una pieza original de la colección del Museo, como es el caso de “Le Troubador”, del pintor catalán Joan Miró. 

 Y junto a todos ellos, el Club Vivanco Reserva que, con sus notas de cata, nos sirve como reflexión final: Color rojo picota, capa alta. Aromas intensos a frutas rojas y negras. Ligeros toques florales, regaliz, eucalipto y torrefactos. Fresco y vivo en boca. Sabroso. Con paso balsámico y envolvente. Final persistente y elegante…

No tendremos más remedio que volver…

H. DÉNIZ
SUMILLER – EEC

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